A pesar que los ferrocarriles para un país con la extensión territorial Argentina, son un medio de comunicación estratégico, clave para el desarrollo de las economías regionales, y también un medio de transporte de pasajeros económico para unir grandes distancias sufrió desde su nacionalización un periodo continuo de regresión que lo llevo al estado actual que todos conocemos y queremos revertir.
La historia la primera línea ferroviaria del sistema ferroviario argentino data del año 1857 cuando se construyeron 10 km, desde el centro de la ciudad de Buenos Aires hacia los suburbios. En el año 1870 ya había 722 km de vías, desde este año hasta 1914 se construyó la mayor parte de la red ferroviaria argentina con capital inglés, francés y argentino. Esta red con cerca de 47.000 kilómetros fue una de las mas granes y desarrolladas del mundo, permitiendo el transporte de mercaderías y sobre todo el desarrollo de economías regionales que permitieron el desarrollo poblacional del país.
Con el gobierno de Perón se inicia el proceso de nacionalización del sistema ferroviario argentino, hacia el año 1946. Las diversas partes del sistema (unas 15 empresas ferroviarias por ese entonces) fueron reagrupadas en 6 líneas, cada una de las cuales proveía servicios de carga, de pasajeros interurbanos y de pasajeros de la Región Metropolitana de Buenos Aires (líneas Mitre, Roca, San Martín, Urquiza, Sarmiento y Belgrano).
La red ferroviaria continuó creciendo hasta 1957, año en que se llegó a los 47 mil kilómetros de extensión. Desde entonces, comenzó un retroceso gradual y sostenido en la red. Un periodo que de ‘regresión’ que comenzó con políticas a favor del desarrollo de la red caminera (transporte por carretera) desarrollaron planes de clausura y levantamiento de vías; así, en 1980, la red ferroviaria se había reducido a 34.113 km en loa cuales convivían tres trochas diferentes con una fuerte configuración radial hacia Buenos Aires que reducía sus posibilidades de integración y sustentabilidad.
A fines de la década de los 80 la situación de Ferrocarriles Argentinos, con una participación menor al 15% en los servicios de pasajeros de la Región Metropolitana de Buenos Aires y de sólo el 8% en el mercado del transporte de cargas y en el de pasajeros de larga distancia, sus necesidades de financiamiento para cubrir el déficit operativo y para financiar parte de las inversiones. Las dificultades financieras se reflejaban en las condiciones del material rodante y las instalaciones.
En el gobierno de Carlos Menem, en el año 1992 (44 años después de su nacionalización) los ferrocarriles volvieron a manos privadas. Para que las mismas sean rentables el Estado hizo el una exhaustiva limpieza de personal ferroviario, que pasó de tener 60 mil trabajadores a fines de los años ochenta a los 12 mil que hay en nuestros días. Además del despido masivo de trabajadores se cerraron los ramales y cientos poblados se quedaron sin una comunicación vital con la capital, ocasionando una devastadora recesión y subdesarrollo de numerosas regiones del país.
A pesar de las privatizaciones llevadas a delante el Estado siguió desembolsando cuantiosas sumas de dinero para mantener el servicio activo. Las concesionarias, además de los ingresos por la venta de pasajes, cobran subsidios millonarios. Con las pocas mejoras que realizaron, captaron miles de pasajeros nuevos y recaudaron, en los primeros 4 años de concesión, 70 millones más de lo proyectado antes de hacerse cargo.
En 1999, a pesar de los duros cuestionamientos escuchados en las audiencias públicas donde se denunció la falta de inversión, Menem, a punto de finalizar su mandato, firmó un decreto por el que autorizó la prolongación de concesiones por 20 años más. El decreto presidencial, además autorizó subsidios por 5 años más y un aumento progresivo del precio de los boletos hasta llegar a un 129%. Para continuar financiando a estas empresas de transporte en el año 2003 el Gobierno nacional prorrogó el pago de subsidios que el estado desembolsa para las concesionarias de trenes y subtes del área metropolitana. 
“....... Los ferrocarriles constituyen la llave fundamental de una nación. La economía nacional, pública y privada, el equilibrio de las diversas regiones que la integran, la actividad comercial e industrial, la distribución de la riqueza y hasta la política doméstica e internacional están íntimamente vinculadas a los servicios públicos de comunicación y transporte.” E. Ortiz
Los ferrocarriles deben ser Argentinos “Editorial A. Peña Lillo - Buenos Aires, 1965


